
El aguaje se vendía como llegaba: sacos al puerto de Iquitos, precio del día, sin acuerdo previo. En temporada alta el precio se caía y buena parte del fruto se perdía antes de encontrar comprador.
La asociación trabajó un costeo con el equipo del proyecto y descubrió que el cuello de botella no era la cosecha sino las horas entre la recolección y el frío. Con eso reorganizaron las salidas y acordaron un volumen semanal fijo con una planta de pulpa de Iquitos.
Hoy despachan pulpa congelada con fecha comprometida. El precio por kilo es menor que el del fruto en su mejor día, pero es el mismo todas las semanas del año.
Las historias las redacta el equipo de comunicaciones de la CCITL junto con la organización protagonista, que revisa y aprueba el texto antes de publicarlo.
